CRITERIOS PARA ADMITIR A UN GRUPO O MOVIMIENTO INTRODUCCIÓN: «En estos últimos años, el fenómeno asociativo laical se ha caracterizado por una particular variedad y vivacidad… se han visto nacer y difundirse múltiples formas agregativas: asociaciones, grupos, comunidades, movimientos… podemos hablar de una nueva época asociativa de los fieles laicos... Estas asociaciones se presentan a menudo muy diferenciadas unas de otras en diversos aspectos, como en su configuración externa, en los caminos y métodos educativos y en los campos operativos. Sin embargo, se puede encontrar una profunda convergencia en la finalidad que las anima: la de participar responsablemente en la misión que tiene la Iglesia de llevar a todos el Evangelio de Cristo como manantial de esperanza para el hombre y de renovación para la sociedad» (ChL 29). «Es verdad que los movimientos deben mantener su especificidad, pero dentro de una profunda unidad con la Iglesia particular, no sólo de fe sino de acción. Mientras más se multiplique la riqueza de los carismas, más están llamados los Obispos a ejercer el discernimiento pastoral para favorecer la necesaria integración de los movimientos en la vida diocesana, apreciando la riqueza de su experiencia comunitaria, formativa y misionera. Conviene prestar especial acogida y valoración a aquellos movimientos eclesiales que han pasado ya por el reconocimiento y discernimiento de la Santa Sede, considerados como dones y bienes para la Iglesia universal» (A 313). MIRANDO LA REALIDAD: En cada agrupación, uno es el ideal que pretenden, plasmado en sus estatutos e idearios, y otra es la realidad que viven, de acuerdo a la mentalidad imperante, a las actitudes de sus miembros, a su inserción en su Iglesia local, y a su formación y coordinación.
Por el contrario, ante los problemas del crecimiento de un movimiento, hay problemas nuevos y lo que pasa es que dan miedo los desafíos que plantean y su libertad de acción y esto hace que se sofoquen o que se vea solo lo negativo. Muchas personas que en una agrupación o movimiento han tenido una fuerte experiencia de Dios, sienten que es el único modo de ser Iglesia. Conocen más sus manuales y las virtudes de su fundador y santo patrón que el Evangelio. Participan mejor en sus actividades que en las actividades parroquiales.
EL DERECHO DE ASOCIACIÓN «Los fieles tienen derecho, mediante un acuerdo privado entre ellos, a constituir asociaciones... Esas asociaciones se llaman privadas aunque hayan sido alabadas o recomendadas por la autoridad eclesiástica. No se admite en la Iglesia ninguna asociación privada si sus estatutos no han sido revisados por la autoridad competente» (CIC 299). Buscan «fomentar una vida más perfecta, promover el culto público, o la doctrina cristiana, o realizar otras obras de apostolado, a saber, iniciativas para la evangelización, el ejercicio de las obras de piedad o de caridad y la animación con espíritu cristiano del orden temporal » (CIC 298). CRITERIOS DE ECLESIALÍDAD: En síntesis: que promuevan la santidad; profesen la fe católica; estén en comunión con el Papa y el Obispo y las varias formas de apostolado; colaboren en la evangelización; tengan presencia en la sociedad; den frutos concretos para la transformación del mundo. TIPOS DE AGRUPACIÓN: «Junto al asociacionismo tradicional, y a veces desde sus mismas raíces, han germinado movimientos y asociaciones nuevas con fisonomías y finalidades específicas. Tanta es la riqueza y versatilidad de los recursos que el Espíritu alimenta en el tejido eclesial; y tanta es la capacidad de iniciativa y la generosidad de nuestro laicado» (ChL 29). Nuestros Planes diocesanos de Pastoral han distinguido tres especies de organismos eclesiales laicales: Grupos, Asociaciones y Movimientos. Una descripción de cada especie se halla en el III Plan. Pero podemos, en general, afirmar que las Asociaciones son las formas tradicionales de asociación (confraternidades piadosas, terceras órdenes, cofradías, sodalicios, y otras); los Grupos son las formas nuevas de asociación (para acción social o apostólica, con cierta estructura). Aparte trataremos los Movimientos, por su dinamismo. 1. Asociaciones:
3. Movimientos: «Organizaciones laicales que pretenden dinamizar la vida de la Iglesia, en las cuales lo más importante es la fuerza que generan, no tantoagrupaciones bien definidas» (518c). «Entre ellos encontramos: la Acción Católica (UCM, UFCM, JCFM, ACJM, ACAN); Cursillos de Cristiandad; Renovación Cristiana en el Espíritu Santo; Jornadas de Vida Cristiana; Encuentros Matrimoniales; Movimiento Familiar Cristiano y Encuentros Conyugales; Barrios Unidos en Cristo; Pandillas Cristianas de Amistad; Pascuas; Legión de María; camino neocatecumenal; Escuela de la Cruz; Obras misionales pontificio-episcopales; Comunidades de Vida (Congregaciones Marianas)» (1684). Hoy añadiríamos: Encuentros Misioneros. ¿QUÉ ES UN MOVIMIENTO? Su fuerza no es el grupo, sino su vitalidad, la vivencia de un ideal, que contagia a través de un método que toma en cuenta a toda la persona. Se trata de poner en movimiento al conjunto, ser fermento en la masa, dinamizar la comunidad.
Es un espacio abierto y un contexto para el trabajo eclesial del laico; es una óptica y un enfoque, que se traduce en modalidades e iniciativas sectoriales. «Lo único organizado es un grupo promotor más o menos consistente según el dinamismo o movimiento que pretende generar en el conjunto. ¿QUÉ ES UN MOVIMIENTO ECLESIAL? «Los nuevos movimientos y comunidades son un don del Espíritu Santo para la Iglesia. En ellos los fieles encuentran la posibilidad de formarse cristianamente, crecer y comprometerse apostólicamente hasta ser verdaderos discípulos misioneros. Así ejercitan el derecho natural y bautismal de libre asociación, según lo señaló el Concilio Vaticano II y lo confirma el Código de Derecho Canónico» (A 311).
Atienden algún problema específico de la gente, por razón de trabajo (campesinos, obreros, empresarios, estudiantes, profesionistas), de edad (niños, adolescentes, jóvenes, adultos), de compromiso social (político, económico, sindical, cultural) o situacional (enfermos, presos, ancianos, niños de calle, drogadictos, discapacitados). Su finalidad es la difusión y promoción de determinados valores o corrientes de espiritualidad para la vida, que llevan a acciones y forman grupos (de oración, reflexión, intercambio, escucha, apoyo, promoción humana, asistencia social). «Los movimientos y nuevas comunidades constituyen un valioso aporte en la realización de
la Iglesia particular. Por su misma naturaleza expresan la dimensión carismática de la Iglesia: en la Iglesia no hay contraste o contraposición entre la dimensión institucional y la dimensión carismática, de la cual los movimientos son una expresión significativa, porque ambos son igualmente esenciales para la constitución divina del pueblo de Dios. En la vida y la acción evangelizadora de la Iglesia, constatamos que, en el mundo moderno, debemos responder a nuevas situaciones y necesidades de la vida cristiana. En este contexto, también los movimientos y nuevas comunidades son una oportunidad para que muchas personas alejadas puedan tener una experiencia de encuentro vital con Jesucristo y, así, recuperen su identidad bautismal y su activa participación en la vida de la Iglesia. En ellos podemos ver la multiforme presencia y acción santificadora del Espíritu» (A 312). Principales características: 1. Son comunidades carismáticas: no se identifican con una sola vocación en la Iglesia, o una sola necesidad, un ámbito de evangelización o acción social, sino con la propuesta de una espiritualidad revitalizada, desde un aspecto determinado de la experiencia cristiana, que ofrece una síntesis vital de toda la existencia cristiana. 2. Principalmente laicales: nacen y se desarrollan con una impronta laical y especial protagonismo de los laicos; ayudan a superar el clericalismo en la Iglesia. Es un espacio abierto donde los laicos son sujetos, interlocutores, destinatarios y agentes, en una maduración progresiva, que responde a sus necesidades e impulsa sus valores. 3. No están ligados a una única comunidad, sino universales y misioneros: se expanden por todos lados, llegan hasta ambientes difíciles y secularizados, y los medios modernos de comunicación, cultura, investigación, administración y relaciones. 4. Intensa experiencia de comunión: revive la experiencia de las primeras comunidades, en la unión, acogida, comprensión, familiaridad, ayuda mutua, servicio, solidaridad. 5. Una escuela de vida: ofrece un itinerario, una educación en la fe, una escuela de formación basada en el testimonio de fe, conversión y vida de sus miembros, una forma hecha de palabras y rostros concretos que sostiene a la persona en la memoria de Cristo para expresarla en su vida familiar y social. 6. Capacidad de expresión de la totalidad: aunque en una Iglesia local, experimentan la universalidad de la Iglesia, sin teorías, abstracciones ni distancias afectivas. 7. No constituyen un nivel de Iglesia, sino se integran en los diferentes niveles de Iglesia para dinamizarla aportando sus dones y carismas propios. Es tarea de todos los cristianos fortalecer los niveles de Iglesia, que son la columna vertebral de la acción pastoral. Si no ayudan a la creación de la comunidad, dividen y estorban. 8. Su motor es la caridad, cuyo horizonte es dar la vida, como personas y como grupo, a semejanza de Jesús, para que acontezca la salvación. Su ubicación es el Cuerpo místico de Cristo, del cual son una parte; cada parte no pretende ser el cuerpo entero, sino lo está edificando con su función. ACEPTACIÓN DE NUEVOS ORGANISMOS «Como respuesta a las situaciones de secularismo, ateísmo e indiferencia religiosa, y como fruto de la aspiración y necesidad de lo religioso, en Espíritu Santo ha impulsado el nacimiento de movimientos y asociaciones de laicos que han producido ya muchos frutos en nuestras Iglesias.
CRITERIOS PARA SU ACEPTACIÓN Para los Movimientos: 2. Que inyecte espíritu e infunda sentido al actual ambiente humano. El mundo necesita ser recristianizado. El progreso ha aportado una desilusión existencial. La Iglesia necesita salir para fermentar de Evangelio todos los ambientes. Los movimientos son una respuesta suscitada por el Espíritu Santo para responder al vacío de sentido que sufre el mundo. 3. Que respondan a una necesidad concreta en el nivel de Iglesia en el cual se ubican, en un proceso participativo que involucre a todos los interesados, coordinado desde la autoridad en dicho nivel. El criterio es que pongan en movimiento a toda esa categoría humana. Sólo se acepta un movimiento nuevo si lo pide la coordinación de un nivel de Iglesia, para un servicio subsidiario concreto ante una necesidad, conforme a un plan de acción a largo plazo. 4. El inicio de cualquier movimiento depende de la respuesta posible a una urgencia que revele el diagnóstico, y de las posibilidades con que cuentan las comunidades, pues si ya cuentan con algo es mejor que se consolide y no se dupliquen. 5. Firmen un convenio en el cual pongan los medios para superar el riesgo de cerrarse en sí mismos, organizarse en función de sus intereses, crear una organización paralela a la Iglesia, ser gueto separado e influyente en vez de fermento en la masa. Acepten ser débiles, necesitados de los demás, 6. Cada movimiento resalta y asume de modo nuevo algo de lo que sucede en la Iglesia. Debe participar en la vida de la comunidad sin títulos de nobleza ni protagonismos honoríficos. Ofrece su aportación específica propia, pero según los objetivos y criterios que la pastoral diocesana ha elaborado en contacto con la realidad que debe evangelizar. Renuncia a presentarse con directivas o consignas especiales inspiradas directamente por el Espíritu Santo, o a escudarse en que pertenecen a la Iglesia universal pasando sobre la organización diocesana. |