EL CICLO VITAL DE LA FAMILIA SEGÚN MARIO CUSINATO (1992)

Impartido por el Pbro. Luis David García


Cusinato (1992) propone adaptar el proceso evolutivo del ciclo vital de la familia

al ritmo de las transiciones (ver cuadro 1) entre la distancia interpersonal y de la familia con el exterior,

más que al ritmo de las etapas para subrayar los aspectos dinámicos implicados.

Cuadro 1. Proceso de transición del ciclo de vida familiar.

Transición

Diferenciación

Pertenencia

I. Compromiso en el nuevo sistema

Diferenciar entre el nuevo sistema y la familia de origen

Formar el sistema conyugal

II. Desarrollo del rol de progenitor

Asumir los nuevos roles de progenitores, modificando el sistema conyugal

Aceptar al partner como progenitor del hijo propio

III. Aceptar la nueva personalidad

Permitir la independencia del niño, aceptando una personalidad distinta

Aceptar la nueva dependencia del niño

IV. Introducir al hijo en instituciones

Favorecer la independencia del niño

Ofrecerse como apoyo si el impacto de la institución es problemático

V. Aceptar la adolescencia

Favorecer el contacto del adolescente con otras instituciones y grupos de coetáneos

Aceptar la típica problemática de la adolescencia

VI. Experimentar la independencia

Aceptar la disminución gradual de los lazos con la familia

Evitar métodos de culpabilización más o menos latentes y que conducirían a rupturas o fugas

VII. Orientarse para la partida

Aceptar que el hijo asuma el rol de adulto independiente

Conservar una relación positiva con el hijo e iniciar el desplazamiento de intereses hacia la generación más anciana

VIII. Numerosas salidas y entradas en el sistema familiar

Desarrollar relaciones adultas con los hijos adultos

Renegociar el sistema conyugal como pareja

IX. Cambio de roles

Explorar nuevas alternativas de roles familiares y sociales

Reavivar los intereses de pareja a pesar del deterioro físico
Para la generación intermedia: Aceptar a los ancianos por su experiencia y saber, apoyándolos sin intrusiones

FUENTE: Cusinato, 1992: 77.
EL CICLO VITAL DE LA FAMILIA SEGÚN LAURO ESTRADA INDA (1997)
Estrada-Inda (1997) propone seis etapas del ciclo vital delimitando fases críticas que encierran momentos especiales de dificultad para toda la familia: El desprendimiento, el encuentro, los hijos, la adolescencia, el reencuentro y la vejez. En cada etapa define interacciones entre los miembros de la familia que divide en cuatro áreas: Identidad, sexualidad, economía y fortalecimiento del yo. Esas áreas son diferentes en cada etapa y una relación saludable se basa en el suficiente intercambio de satisfactores materiales y emocionales que permitan solucionar los problemas y tareas que se presentan en el ciclo vital. En el cuadro 2 pueden verse las seis etapas propuestas por Estrada-Inda.
En la fase del desprendimiento, afirma Estrada-Inda (1997) que los cónyuges deben ser capaces de proveer un punto de anclaje en la relación emocional que remplace al de los padres, tener la seguridad de ofrecer y obtener cuidados del compañero, poder compartir intereses comunes, tener como meta encontrar un complemento biológico, lograr un clima para poder expresar necesidades, poder continuarse a través de la procreación, lograr dividir y hasta intercambiar roles, lograr seguridad mediante la adquisición de bienes, dar una ayuda mutua para aprender los roles, contar con libertad suficiente para expresar la individualidad y con el apoyo mutuo y suficiente para mantener las defensas sociales adaptativas.

Cuadro 2. Etapas del ciclo vital de la familia según Laura Estrada Inda.

ETAPA

CARACTERÍSTICAS

I
Desprendimiento

-Relación emocional, ofrecer y obtener cuidados.
-Intereses comunes, complemento biológico, expresar necesidades.
-Procreación.
-Dividir e intercambiar roles, ayuda mutua para aprenderlos.
-Seguridad mediante adquisición de bienes.
-Libertad para expresar individualidad, defensas sociales adaptativas.

II
Encuentro

-Seguridad emocional con el compañero.
-Contrato matrimonial.
-Aceptar al cónyuge como nuevo y extraño.
-Separación del mundo social que les rodea.

III
Los hijos

-Reestructurar contrato matrimonial y reglas familiares.
-Nuevo anclaje emocional con el niño sin perder el anclaje entre ambos.
-Consideración y cuidados madre-bebé.
-Vínculo con el mundo exterior.
-Pueden surgir problemas económicos.
-Aprender comportamientos parentales.

IV
La adolescencia

-Problemas emocionales serios.
-Preocupación por abuelos enfermos o ancianos.
-Preparar el desprendimiento de los hijos.
-Puede haber sobreprotección por el temor a la separación de los hijos.
-Puede haber rivalidad padres-hijos al ver que son mejores que ellos.
-Renovación del contrato matrimonial y apoyo por el climaterio.
-Seguir compartiendo intereses comunes con la pareja.
-Las funciones sexuales cambian aunque no desaparecen.
-Cercanía del cónyuge para soltar hijos y retomar roles de esposos.
-Se pueden dividir labores, más tiempo, lograr asuntos pospuestos.

V
El reencuentro
(“nido vacío”)

-Nuevas familias de hijos que requieren nuevos cambios.
-Problemas con la aceptación de nietos, rol de abuelos y la jubilación.
-Puede haber problemas económicos.
-Lograr la “independencia” de los hijos y nietos para reforzar la pareja.
-Resolver asuntos inconclusos.
-Apoyo para estímulos y metas, más libertad.
-Prepararse para la etapa final de la vida.
-Cuidado en enfermedades, dejar responsabilidades y manejar sentimientos de culpa por errores pasados.

VI
La vejez

-Temor a la vejez, esfuerzo por adaptarse.
-Permitirse intimidad adecuada, sin sobreprotección ni cargas emocionales muy fuertes.
-Disfrutar los nietos.
-Aceptar capacidades y limitaciones.

 

Fuente: Estrada-Inda, 1997.
En la fase del encuentro se trata principalmente de lograr dos puntos: Cambiar los mecanismos que proveían seguridad emocional e integrar un nuevo sistema de seguridad emocional interno que incluya, además de sí mismo, al compañero. Es conveniente insistir que todo encuentro depara grandes sorpresas y que el bienestar familiar depende del establecimiento de un nuevo sistema en el que cobrará gran importancia el contrato matrimonial, basado en aspectos recíprocos acerca de lo que se piensa dar y lo que se espera recibir del otro. Esta fase presupone una disponibilidad interna para aceptar al cónyuge como un objeto nuevo y extraño que va a repercutir en el mundo interno y se va a manifestar en conflictos. Compartir secretos y misterios con una pareja aumenta y fortalece la separación del mundo social que les rodea. Aprender el rol de cónyuge no es tarea sencilla, requiere cambios importantes, para los cuales es muy útil un “contrato matrimonial” (Sager, 2003).
En la tercera fase de los hijos, aunque la decisión de tener hijos se ha ido separando cada vez más de la decisión de formar una pareja, se incluyen varios aspectos que la tornan muy compleja: Lo económico, religioso, ético, familiar, social, político y cultural. Con la llegada del primer hijo se requiere reestructurar el contrato matrimonial y las reglas familiares. En esta etapa se requiere adquirir un nuevo anclaje emocional con el niño, con la capacidad de ayudar al cónyuge a que lo haga, sin perder el anclaje entre ambos. También se requiere consideración y cuidados con la madre y el bebé, pensar cuántos hijos puede alojar ese sistema familiar. Comienza el vínculo con el mundo exterior a través del bebe. Aquí pueden surgir problemas por el área económica que no se deben confundir con falta de cariño, desinterés, pérdida de deseo y propósito de seguir unidos. Como el ser humano no tiene la espontaneidad de la respuesta instintiva del animal, en esta etapa debe aprender comportamientos parentales, para lo cual se requiere ayuda del cónyuge (Estrada-Inda, 1997).
La cuarta fase de la adolescencia es la que pone a prueba la flexibilidad del sistema. En ella se experimentan problemas emocionales serios, los padres reviven su adolescencia, surge la preocupación por los padres enfermos o ancianos. En esta etapa se debe ir preparando el desprendimiento de los hijos, quienes deben lograr su propia identidad que incluye el desarrollo de la ternura, gratificación genital completa y encuentro consigo mismo. Los padres pueden tener la tendencia a la sobreprotección por el temor a la separación de los hijos. Puede haber rivalidad entre padres e hijos al ver que son mejores que ellos. Aquí se requiere una renovación del contrato matrimonial y un fuerte apoyo del cónyuge cuando comienza el climaterio de los padres, para expresar los sentimientos de pérdida y tristeza y la seguridad de seguir compartiendo intereses comunes con la pareja como compensación por la pérdida de los hijos. Afirma Estrada-Inda (1997) que las funciones sexuales de los padres cambian aunque no desaparezcan. Además surge una atracción física y sexual hacia los hijos que nunca se pierde y que en gran parte los motiva a éstos a buscar nuevos compañeros en otros sistemas familiares. Algunos padres no sueltan a sus hijos y es una función necesaria de la familia, para lo cual se requiere la cercanía del compañero, restableciendo el anclaje emocional de la pareja y retomando los roles de esposos. A estas alturas ya existe una seguridad económica, se pueden dividir las labores, se cuenta con más tiempo y se pueden lograr asuntos pospuestos. Para lograr el cambio de roles también se requiere la ayuda del compañero.
En la quinta fase de el reencuentro o “nido vacío” los hijos ya se han ido a formar otras familias y se requieren nuevos cambios. Para los esposos es más fácil aceptar los cambios biológicos, pero surgen problemas con la aceptación de los nietos, del rol de abuelos y la jubilación. Puede haber problemas económicos y se debe lograr la “independencia” de los hijos y nietos para reforzar la pareja, así que es inevitable enfrentarse de nuevo consigo mismo y con el compañero a resolver asuntos inconclusos. Insiste Estrada-Inda (1997) que es más necesario el apoyo mutuo para encontrar estímulos y metas, darse más libertad, prepararse para la etapa final de la vida, tener la seguridad de recibir cariño aunque tengan intereses diferentes, cuidado en las enfermedades, aprender a dejar tantas responsabilidades y a manejar sentimientos de culpa por errores pasados.
La sexta etapa de la vejez es la menos conocida porque está llena de misterio y amenaza por la cercanía de la muerte, porque los viejos no buscan ayuda psicológica y se les ignora. Pero no dejan de sentir y entristecerse. En casi todos existe el temor a la vejez, pocos valoran su esfuerzo por adaptarse. En esta etapa los hijos no les permiten tener intimidad adecuada, los sobreprotegen e imponen cargas emocionales muy fuertes, haciéndoles sentir prisioneros y deprimidos. Pero ser abuelo puede encender el deseo de sobrevivir y aceptar la mortalidad, disfrutar la nueva relación con los nietos, es un papel muy importante para redefinir y reintegrar los propios roles emocionales y para ayudar a apoyar en los de otros familiares. Se requiere aceptar las capacidades y limitaciones. Algunas culturas niegan las prerrogativas de esta etapa quizá porque aquí aparece la soledad interior. Y concluye Estrada-Inda (1997) recordando que el humano necesita terminar sus tareas fundamentales de adaptación y supervivencia en cada etapa.
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BIBLIOGRAFÍA:

    • CUSINATO, MARIO. (1992). Psicología de las relaciones familiares. Herder. Barcelona. España.
    • ESTRADA INDA, LAURO. (1997). El ciclo vital de La família. Grijalbo. México.
    • SAGER, CLIFFORD J. (2003). Contrato matrimonial y terapia de pareja. Amorrortu. Buenos Aires. Argentina.

 

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